La metáfora es un mecanismo que hace posible conceptualizar y reconceptualizar el mundo
a partir de la traslación de rasgos de un dominio de origen a un dominio de llegada. En
esa medida, la metáfora no necesita inventar nuevos términos para referirse a la realidad,
sino que a partir de los ya existentes brinda una visión diferente de ésta en tanto que ha
sido enriquecida con la afectividad y la emotividad del sujeto cognoscente.
Por esa razón, la comprensión y producción metafórica requiere más de la competencia
comunicativa que de la competencia lingüística, dado que el sentido que éste adopta
depende del contexto comunicativo y no de la constitución léxica, morfológica sintáctica
del enunciado.